México en la agenda política estadounidense

 

Hace algunos años un amigo se quejaba con frecuencia de que México no figuraba en la agenda de los Estados Unidos; ahora se lamenta de que México sea el foco de buena parte de la agenda política del presidente Donald Trump.

 

No hay secreto en el tema. Para Washington, la agenda es de crisis y la retórica electoral de Trump se basó, en parte, en acusar a México de los problemas estadounidenses, específicamente de la pérdida de empleos y desventajas comerciales.

 

El punto podría ser halagüeño por las implicaciones si no fuera porque fue usado para atizar un fogón de xenofobia y racismo que provocó una reacción nacionalista en México y el renacimiento de la desconfianza mexicana.

 

Ahora, Estados Unidos y México atraviesan lo que algunos consideran como un periodo crítico, en el que funcionarios involucrados tratan de evitar que factores de política doméstica se conviertan en problemas insuperables.

 

Pero los mismos que ven el peligro de crisis ven mensajes positivos.

 

A principios de marzo los Secretarios de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y de Economía, Ildefonso Guajardo, cenaron con sus contrapartes estadounidenses, Rex Tillerson, de Estado, y Wilbur Ross, de Comercio, en un restaurante de Washington al que acuden los jugadores políticos de la cápita estadounidense.

 

No fue el puro deseo de cenar en un buen sitio. Fue un mensaje político en varios sentidos. Por un lado, la reunión misma habla de una comunicación constante. Por otro, ese hubiera sido el sitio del asesinato de un diplomático saudita, planeado por iraníes, y frustrado con el apoyo de las autoridades de seguridad mexicanas.

 

De acuerdo con Franco Ordoñez, de la cadena McClatchy, en los últimos dos meses hubo al menos media docena de reuniones a nivel ministerial entre los dos países, sin contar una cantidad desconocida de llamadas telefónicas.

 

Los contactos no solo han involucrado a los cuatro funcionarios señalados, sino también del lado estadounidense al general John Kelly, del Departamento de Seguridad Nacional, al Procurador General Jeff Sessions y del manera notable a Jared Kushner, el yerno y asesor principal del presidente Trump.

 

Claro que no es lo mismo que olvidar las expresiones de Trump o dejarlas sin respuesta, un tema que muchos mexicanos echan en cara al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que ha mantenido una singular serenidad frente a los exabruptos del volátil mandatario estadounidense.

 

Lo cierto en todo caso es que la relación bilateral se encuentra en un punto delicado, con la posibilidad de impacto negativo de factores de política doméstica estadounidense. Y sí, México está en el centro de la agenda política estadounidense.

 

La cadena de derrotas sufrida por el presidente Trump lo ponen en la necesidad de buscar triunfos y las deportaciones de indocumentados -un tema popular entre sus votantes- y la construcción del muro fronterizo, que se transformó en el lema de su campaña electoral resultan comparativamente fáciles, aun cuando como en el caso de la barda se quede en los cimientos.  

 

@OpinionLSR

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