Trump y sus escándalos

 

La aún muy joven presidencia de Donald Trump probó ya ser por lo menos tan escandalosa como se esperaba desde el momento mismo en que se anunció su victoria en las elecciones de ocho de noviembre pasado.

 

A 45 días de que tomó el poder, el nuevo mandatario y su gobierno se han visto involucrados en una desusada serie de polémicas, incluso alguna que de llegar a ser probada lo podría en peligro de una impugnación.

 

Los dos problemas mayores se refieren a la relación del presidente con su puesto y lo que se espera de él.

 

Por un lado, está la relación que el presidente Trump mantenga con los negocios que ostensiblemente son manejados por sus hijos y pueden ponerlo frente a considerables conflictos de interés. Trump ha buscado dar seguridades de que se mantiene alejado, pero el mero hecho de que sus propiedades conserven y de hecho se beneficien de su nombre y la asociación correspondiente crea potenciales problemas.

 

Por otra parte, está el creciente escándalo en torno a posibles o presuntos contactos entre Trump o sus asistentes con funcionarios o instituciones del gobierno ruso.

 

El problema, hasta ahora, está menos en la sustancia de los alegatos -o sea la posibilidad de que los servicios de inteligencia rusos hayan intentado influenciar los resultados de las elecciones presidenciales del año pasado- que en las repetidas negativas de Trump y sus ahora ayudantes presidenciales a la existencia de los contactos a pesar de estar documentados.

 

El escándalo en torno al tema llevó a la renuncia del primer Consejero de Seguridad Nacional, el general retirado Michael Flynn, a menos de un mes de iniciado el gobierno; llevó a que el Procurador General Jeff Sessions se recusara de supervisar una investigación sobre el presunto hackeo electoral ruso, a demandas para el nombramiento de un fiscal especial independiente para realizar esa indagación y sobre todo, a endurecer las opiniones sobre la credibilidad del régimen Trump.

 

Cierto. Muchas de las preguntas sobre la credibilidad del gobierno Trump se dan ahora en sitios previsibles, como las páginas de opinión y los programas de análisis de los medios informativos, pero son también y cada vez mas parte de la discusión diaria en un país donde la confiabilidad y la credibilidad del presidente son consideradas como parte de la cultura del puesto.

 

Pero al mismo tiempo, hay una aparente y muy evidente polarización política, que si por un lado es herencia ya de 20 o 30 años de una brutal guerra partisana, por otro se ha visto recrudecida por el estilo de nosotros contra el mundo asumido por Trump y sus aliados y de nosotros contra Trump adoptado por sus rivales demócratas.

 

En el corto plazo, la situación no parece tener impacto sobre el gobierno estadounidense. Cierto, ha frenado la incorporación de funcionarios y la asunción de políticas pero los aliados republicanos de Trump tienen mayoría en ambas cámaras del Congreso y pueden acabar por imponerse. Pero ninguno se beneficiará de las dudas en torno a Trump y su gobierno.

 

@OpinionLSR


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