Estados Unidos y México: ¿relaciones en deterioro?

 

La visita de los secretarios de Estado, Rex Tillerson, y de Seguridad Nacional, John Kelly, parece parte del nuevo patrón de la política internacional estadounidense: el presidente Donald Trump habla duro, ofende, intranquiliza, toma decisiones, ordena y sus funcionarios van a los países ofendidos o preocupados a suavizar aristas, dar certidumbres y en general a tratar de presentar un mejor rostro para su país.

 

En otras palabras, a barrer los vidrios rotos.

 

Eso hicieron recientemente el vicepresidente Mike Pence en Europa y el secretario de Defensa James Mattis en extremo oriente, en países preocupados por el futuro de sus alianzas con los Estados Unidos.

 

Muchos creen que Tillerson podría ser una influencia moderadora en la administración de Trump. Un ex ejecutivo de energía que  entiende las complejidades del comercio internacional. Kelly, por su parte, fue jefe del Comando Sur y teóricamente al menos  entiende el valor de las alianzas y la cooperación internacionales.

 

Puede ser que tranquilice los nervios en México, al igual que Pence lo hizo en Europa, cuando aseguró del apoyo estadounidense a la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte a pesar de comentarios anteriores de Trump.

 

El problema es más complicado en México.

 

Por un lado, la amenaza de deportar a millones de mexicanos que se encuentran indocumentados en Estados Unidos, más la idea de la pared en la frontera y demandas de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte son en conjunto declaraciones por lo menos preocupantes y de hecho han llevado a un deterioro inesperado de una relación bilateral que parecía haber logrado un buen grado de estabilidad.

 

En términos reales, México no inició ninguno de esos pleitos. Todos fueron derivados de las necesidades políticas del ahora presidente Trump.

 

Todas las medidas señaladas fueron promesas de campaña que tuvieron buenas respuestas entre sus seguidores, pero no necesariamente entre el resto de los estadounidenses. 

 

México tiene de hecho pocas armas para enfrentar esa andanada, que tiene como meta principal fortalecer la imagen interna de Trump, deteriorada luego de 30 días en el poder gracias a su ignorancia de los procedimientos, su arrogancia y su divisiva retórica.

 

Parte del problema está, con Trump o sin Trump, en la profundidad de la relación bilateral, no sólo en lo económico sino en lo social, lo geográfico y aún cultural. La proximidad limita las opciones.

 

Algunos funcionarios hablan de la posibilidad de hacer una negociación integral, en la que todos los temas de la relación se pongan sobre la mesa, incluso la posibilidad de reducir la cooperación en temas migratorios y de seguridad; tal vez funcione, pero decirlo suena más fácil que hacerlo.

 

Pero al margen de los Estados Unidos México tiene que ejercer sus propios controles de migración y tratar de dejar de ser una nación emisora de migrantes, amén de que por razones propias debe echar contra el crimen organizado y los carteles de la droga.

 

Pero lo que si podemos hacer es trabajar seriamente por diversificar comercio, fortalecer el mercado interno y reducir la dependencia económica respecto a los Estados Unidos. Eso se traducirá al final en mayor independencia pero no será un trabajo de corto plazo, sino de años, y hay que iniciarlo ahora.

 

@OpinionLSR


Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información