Trump y México: una relación difícil

 

Para Donald Trump, o al menos para algunos de sus seguidores, México representa física y metafóricamente muchos de los problemas que aquejan a su nación.

 

El discurso de toma de posesión el viernes, pudo haber llevado dedicatorias: libre comercio, delincuencia, fronteras...

 

"Regresaremos nuestros empleos, retomaremos nuestras fronteras, recuperaremos nuestra riqueza y nuestros sueños". Los conceptos vertidos por Trump se aplican en muchas formas a México.  

 

"Debemos proteger nuestras fronteras", dijo Trump, al delinear la imagen de un país de "ley y orden" a salvo no sólo de la delincuencia sino de la competencia industrial y económica internacionales. 

 

Y aunque no lo mencionó directamente tampoco hablaba solo del famoso muro que fue la marca de su retórica electoral como medida contra la llegada de migrantes indocumentados y que resultó tan aparentemente popular entre su audiencia.

 

México no sólo es un país donde la mano de obra barata hizo posible el "robo" de las empresas sino la fuente de esos inmigrantes, frecuentemente ilegales que no solo no son blancos y tampoco protestantes, sino que hablan lenguaje distinto y tienen costumbres diferentes y desplazan a los trabajadores estadounidenses.

 

México es también considerado como el origen de muchas de las drogas que asuelan a la sociedad estadounidense, especialmente en niveles bajos, como las metanfetaminas y otras en las zonas rurales, o la heroína y la cocaína en las áreas urbanas. Los cárteles mexicanos figuran entre los nuevos villanos de la cultura popular estadounidense.

 

Y para remate, la imagen es la de un país donde la violencia parece cotidiana y la corrupción permite literalmente cualquier cosa.

 

El discurso de Trump y sus posiciones políticas, ahora ya como presidente, fueron y son de proteccionismo comercial, aislacionismo internacional y en alguna medida el anuncio de un intento de retornar a tiempos mejores. 

 

Pero esa época existe solo en el imaginario de los partidarios de Trump y por tanto es una esperanza que decepcionará. 

 

El problema, para los Estados Unidos de Trump y para México, es que los dos países son parte de la esfera de seguridad nacional del otro y no se pueden ignorar, ni separar, condenados -como dijo el vergonzante mexico-estadounidense John Gollenor alias John Gavin- a un matrimonio sin divorcio posible.

 

Esa consideración deberá tener un peso importante en la reunión que Trump tendrá con Enrique Pea Nieto el próximo 31 de enero.

 

Los temas anunciados son migración, comercio y seguridad...

 

@OpinionLSR

 


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