¿Un giro hacia China?

 

Lo que parece ser un giro en la política exterior mexicana está en marcha.

 

No es tanto que vaya a haber un vuelco o que los Estados Unidos vayan a dejar de tener la importancia que siempre han tenido. Pero la elección de Donald Trump y su retórica recordó porque es poner nuevo énfasis en buscar vínculos con otras regiones.

 

Y en ese sentido la nueva frontera se llama la región de Pacífico, especialmente la República Popular China.

 

Un interesante nombramiento diplomático estaba esta semana ante el senado mexicano. Uno que tiene repercusiones en la política exterior hacia el Asia en general y Pekín en particular.

 

Se esperaba que la Cámara alta del Congreso mexicano aprobara el nombramiento de José Luis Bernal como embajador ante el gobierno de Pekín.

 

No es que el aun embajador en China, Julian Ventura, haya hecho un mal papel. Pero a él le toco lidiar con la secuela de la cancelación del proyecto del tren bala México-Querétaro. No fue su culpa y a pesar de eso logró mantener una buena relación política.

 

Bernal hizo –especialmente- un buen trabajo como embajador de México ante las dos Coreas, con sede en Seúl, la capital sudcoreana, donde se destacó en el impulso de inversiones y comercio.

 

Pero ahora China es la nueva frontera de México. Una geopolítica y en la que ambos países tienen intereses compartidos. A China le interesa, y a México también.

 

Los dos tienen a Estados Unidos como un socio comercial de enorme importancia y ambos enfrentan la retórica del aún presidente electo, Donald Trump. 

 

No es un juego nuevo en la historia diplomática mundial. De hecho, es usual que un país vecino de una gran potencia busca la forma de balancear el peso del otro con otros vínculos. En el caso de México, se cree en la idea de una región norteamericana, con Canadá y Estados Unidos.

 

Pero si bien eso es posible, las posturas de Trump han puesto en claro que no es seguro, y que tal como ocurrió en otras épocas, México no puede, ni debe, apostar su futuro a las veleidades políticas de su vecino, por más poderoso y frecuentemente amistoso que sea.

 

Cierto que hay muchos lazos que unen a México y los Estados Unidos. De la geografía a la economía, de la sociedad a la cultura. Pero Trump puso al país ante una brutal realidad: su comercio exterior depende hasta en 80 por ciento de la relación bilateral y eso no es saludable.

 

Durante las últimas semanas el valor del peso ha fluctuado y sobre todo perdido de acuerdo con el tono de las declaraciones de Trump. Eso no debe ocurrir de nuevo. Que un aprendiz de brujo, por muy presidente de los Estados Unidos que sea, se pueda dar el lujo de jugar con la economía de 120 millones de mexicanos no debe volver a ocurrir, y la única forma de hacerlo es comenzar de inmediato trabajos para diversificar los vínculos de la economía.

 

Y hoy por hoy, varios de los caminos cruzan al menos por Pekin.

 

@OpinionLSR


Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información