La geopolítica tiene ahora su turno

 

Las primeras reacciones en México a la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses son de absoluta alarma: la estabilidad, que algunos miden según el tipo de cambio con el dólar se sacudió y la confianza en el gobierno se fue abajo.

 

Y sin embargo, las cosas no son tan malas ni el gobierno, como el país, está totalmente indefenso.

 

Nada indica que se pueda considerar que Donald Trump y su equipo sean amigos de México. Tampoco que una buena parte de sus electores tenga alguna simpatía por los mexicanos y mucho menos que su retórica de campaña anuncie un romance.

 

En el fondo, tampoco hubiera sido muy distinto en caso de una elección de Hillary Rodham Clinton.

 

La gran diferencia sin embargo, es que el emperador ha expresado su desagrado con México y eso tiene y tendrá un impacto, sin duda.

 

Pero también aquel famoso dicho: “los estados no tienen amigos (o enemigos), sino intereses”.

 

Y los intereses de los Estados Unidos están íntimamente ligados con los de México. No por gusto, sino por la vecindad, la sociedad y la economía.

 

Mucha de la retórica de Trump durante su campaña estuvo dirigida a un auditorio poco sofisticado, lleno de resentimientos y miedos, pero al mismo tiempo pudiera describirse como preparativos de negociación. En sus libros Trump ha señalado que la mejor forma de negociar es desde una posición de fuerza y ahora tiene todas las cartas -incluso el apoyo de su ciudadanía- en ese sentido.

 

Por un lado representa al principal mercado del planeta, y en el caso de México al principal socio comercial. Su mera elección sacudió la economía del país y puso mayor presión sobre el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, cuyas aparentes debilidades internas pueden ser la mejor linea de defensa frente a las presiones estadounidenses.

 

La desestabilización de México no está en el interés de la seguridad nacional estadounidense. La integración económica de los dos países ha sido la fórmula menos costosa y mas conveniente para establecer una alianza en la que ambas partes tienen mucho que ganar y mucho que perder. La idea de una región norteamericana no sale del éter.

 

Desde el punto de vista estadounidense, tiene los inconvenientes de la migración y de la incapacidad del gobierno mexicano para resolver sus problemas de delincuencia y narcotráfico, pero la frontera es vigilada por gendarmería y la cooperación entre ambas naciones es mucho mas amplia y profunda de lo que se cree.

 

De hecho, de la misma forma en que los Estados Unidos están atados por economía e intereses México está amarrado por sociedad e intereses: millones de mexicanos residentes en Estados Unidos son al mismo tiempo rehenes y avales de la importancia del vínculo, tres mil kilómetros de frontera esencialmente pacífica y un comercio masivo.

 

En cualquier caso la relación no va a ser fácil pero ni a Trump ni a sus amigos les interesa llevarla al punto de quiebre. Ningún país, por grande se siente tranquilo cuando tiene enemigos en sus fronteras.

 

 

@OpinionLSR

 



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