Estados Unidos y México: la Importancia de la Imagen

 

¿Está el gobierno mexicano realmente consciente de lo que pasa en Estados Unidos?

 

Idealmente sí, ciertamente, pero no deja de preocupar la impresión de que confunda imagen y "marca-país" con opiniones más profundas, producto de situaciones históricas y un prolongado descuido en el cultivo de las relaciones con su socio más importante.

 

Y no es que se trate de algo nuevo. En términos reales es un problema de décadas, si no ya de siglos.

 

Los países vecinos suelen tener una imagen al menos distorsionada del otro, pero si descuidar eso era de alguna manera justificable cuando la autarquía y la completa autosuficiencia parecían posibles, ya no lo es en el siglo 21.

 

Cierto que tampoco es único, ni exclusivo de México, como podrían atestiguar los también países europeos y su larga historia de conflictos.

 

El referendo que llevó a la Gran Bretaña a abandonar la Unión Europea son prueba de lo que pueden hacer los argumentos que apelan a la "excepcionalidad" de una sociedad y la irracionalidad de sus componentes.

 

Los Estados Unidos no son una excepción, como prueban los argumentos planteados hasta ahora por Donald Trump, el presunto aspirante republicano a la Presidencia, y las fintas hechas por la demócrata Hillary Rodham Clinton respecto al Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN).

 

En el caso de México y Estados Unidos hay, además, o al menos han habido, sentimientos mutuos de rechazo por razones que van de lo cultural a lo racial.

 

La relación ha mejorado los últimos años, parte por la creciente asociación económica, parte por la creciente integración social: un creciente número de familias mexicanas tiene ramas en los Estados Unidos. El hecho es que hay una creciente integración socioeconómica.

 

Pero como prueban la Gran Bretaña y la UE, no es una situación que sea normalmente popular, y menos en un país con los mismos sentimientos de excepcionalismo que tienen los británicos y donde los cambios sociales y el paso a una economía post-industrial han alentado sentimientos de racismo y xenofobia.

 

La idea de que México "robó" los empleos manufactureros estadounidenses y sacó ventaja de los Estados Unidos en la negociación del TLCAN es parte de la imagen de México al menos en una parte de la población estadounidense, y eso no ayuda.

 

La aparición de Donald Trump y sus propuestas aislacionistas y antimexicanas llevan ahora a un esfuerzo por mejorar la imagen del país, pero la realidad es que esa propuesta tiene por lo pronto metas de corto plazo -los dos años que quedan al gobierno de Enrique Peña Nieto- cuando debe ser considerado como un proyecto de largo alcance para cambiar actitudes profundas.

 

@OpinionLSR



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