Relaciones México-EEUU: razones para el optimismo

 

Aunque siempre delicadas, las relaciones entre México y Estados Unidos se ven ahora complicadas por el aspirante presidencial republicano Donald Trump y su retórica antimigrante, especialmente antimexicana.


Pero más sordamente, hay razones para un cierto optimismo, gane quien gane las elecciones de noviembre próximo en Estados Unidos.


Por lo pronto, en las dos últimas semanas hubo visitantes de filiación interesante. Primero, invitados por la Cámara de Comercio Estados Unidos-México (USMCOC), los alcaldes de Dallas y Fort Worth, dos ciudades de Texas tan cercanas que no sólo comparten región sino también intereses económicos y sociales. Uno, Mike Rawlings, es demócrata; la otra, Betsy Price, republicana.

El lunes llegó por su parte Scott Walker, el gobernador republicano de Wisconsin, que en algún momento a principios del actual ciclo político-electoral estadounidense fue considerado como "presidenciable".


Las visitas a México de personajes políticos ligados al partido republicano no ocurren en un vacío, y menos cuando el candidato presidencial de su partido trata de azuzar sentimientos xenófobos y despertar algunas de las más negativas características del nacionalismo.


Por encima de las barbaridades de Trump, hay razones reales de conveniencia. Los dos países tienen una integración socioeconómica que hace incosteable un alejamiento. El problema con Trump, dijo Mónica Alonzo, alcalde Pro-Tem de Dallas, es que le falta educación.

Por un lado, hay ciertamente un interés de los políticos texanos en el bienestar y la buena relación con México, pero también en el comercio y el turismo. Para Wisconsin, México es su segundo destino de exportaciones, después de Canadá. Tres mil millones de dólares anuales son una buena razón.


Las visitas están ligadas en parte con la idea de que los dos países son cada vez más una unidad productiva, pero también por la realidad de que hay un interés económico innegable. El comercio bilateral anda en los 600 mil millones de dólares anuales y aunque México tiene un superávit, la producción es tan integral que ganancia y pérdida son poco menos que figuras contables.


Y eso sin contar con que la inversión mexicana en Estados Unidos comienza a ser más que significativa. Para poner un ejemplo, recientemente Andrew Selee, el acreditado Vicepresidente del Wilson Center y un especialista en temas mexicanos, recordó que hace pocos años el pueblo de Hazleton, Pennsylvania, era el epicentro de un movimiento antimigrante. Quién sabe si lo sea ahora o no, pero también está en el centro de una región donde empresas mexicanas han creado cientos, si no miles de empleos, en por lo menos cuatro de los mayores centros manufactureros del área.


"Cuando las manufacturas estadounidenses están en un declive general, nuestra relación comercial y de inversión con México puede ser uno de los pocos puntos brillantes", afirmó Selee.

 

@OpinionLSR



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