Una Propuesta, una realidad, una oportunidad...

 

La propuesta de revisar el principio de no-intervención, uno que fue toral para la política exterior mexicana, causó un considerable revuelo, debates y en opinión de quien esto escribe, más ruido que nueces.


El revuelo era natural porque para muchos, dentro y fuera de la diplomacia, fue el principio rector de la Doctrina Estrada, base a su vez de décadas de posicionamientos mexicanos en el mundo.


Pero es un principio que por lo menos necesita revisión, no tanto porque la secretaria Claudia Ruiz Massieu lo proponga sino porque los hechos, el momento social, político y económico que vive el país, lo hacen indispensable.


El principio, como tal, fue útil. Pero funcionó, y bien, para un mundo que en términos geopolíticos y económicos era mucho más claro que el actual.


Hoy, a pesar de todos los pesares, el mundo es unipolar en términos geopolíticos. Tal vez China, eventualmente, consolide su posición y lo haga bipolar otra vez, para México esa ya no parece opción.


La relación entre Estados Unidos y México ya no es de dos países ajenos, por mucho que pese a algunos o muchos- en ambos lados del río. Es una relación cada vez más íntima en términos de economía, cultura y sociedad.


Paralelamente, las cosas ya no son tan sencillas, o tan claramente distinguibles.


Algunos se sintieron ofendidos recientemente porque Hillary Rodham Clinton, aspirante a la candidatura presidencial demócrata, expresó su preocupación por el estado de la investigación en torno al secuestro de los 43 jóvenes de la normal de Ayotzinapa en septiembre de 2014.


Aunque suene a burla, puede uno imaginar que Rodham Clinton debe haberse sentido extraordinariamente preocupada porque Andrés Manuel López Obrador la haya criticado por esa respuesta.


Pero de igual forma, el presidente Barack Obama se debe haber sentido tentado a reclamar porque AMLO lo haya calificado como uno de los peores presidentes en la historia estadounidense por su trato hacia los migrantes (City Hall de Los Ángeles, 30 de marzo de 2014).


La evidente contradicción en la posición de AMLO es la misma en que nos encontramos muchos mexicanos, especialmente aquellos que de alguna forma nos educamos en la idea de la no-intervención.


La interrelación entre Organismos No-Gubernamentales internacionales y sus contrapartes mexicanas es parte de esos nuevos factores. Sería dable pensar, por ejemplo, que el apoyo encontrado por grupos mexicanos en sus contrapartes internacionales pudiera ser una forma de intervención.


La realidad es que la integración socio-económica en desarrollo entre México y Estados Unidos pone a los dos países en la necesidad, incluso la obligación de pronunciarse respecto a determinadas cosas que pasen en el otro porque ya no son cuestiones de política extranjera, sino doméstica.


La propuesta de Ruiz Massieu abre una interesante mesa de discusión y es una oportunidad para reexaminar nuestra política internacional. Tal vez incluso para definir una nueva doctrina.

 

@OpinionLSR



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