Un cambio ¿a tiempo?

 

Las implicaciones de los movimientos en la Embajada de México en Washington y la Subsecretaría de América del Norte apuntan a un papel más activo en términos de creación de imagen y respuesta a la creciente xenofobia desplegada por sectores del Partido Republicano.

 

El problema no es simple. Al margen de su vulgaridad y su superficialidad, Donald Trump sacó a la superficie resentimientos y animosidades presentes en un sector de la población estadounidense.

 

La decisión de colocar un operador político importante, como Carlos Sada, al frente de la embajada, tiene mucho que ver con su historial como constructor de alianzas y puentes con grupos de mexicanos y de hispanos estadounidenses, principalmente de origen mexicano.

 

Ese es un papel que ha hecho, y bien, en los Consulados de San Antonio, Nueva York, Chicago y Los Ángeles.

 

Sada tiene reputación de solidez y prudencia, y aunque no es del servicio diplomático, ha estado por años lo suficientemente cerca como para que no haga diferencia. De hecho, está más cerca de la Secretaría de Relaciones Exteriores que de Los Pinos, aunque eso necesariamente cambiará con el tiempo.

 

Y si bien es cierto que él que será su jefe inmediato, Paulo Carreño King, se integrará a la Cancillería como Subsecretario para América del Norte, también lo es que su transferencia de la Oficina de Comunicación Social de la Presidencia confirma lo que el presidente Enrique Peña Nieto calificó como un movimiento táctico.

 

Carreño King se hacía cargo de la "Marca país" de México en el exterior, o sea en otras palabras, de la imagen. Y eso es particularmente importante ahora, cuando una combinación de factores internos y externos contribuyen a crear una visión particularmente negativa del país y de la credibilidad del gobierno.

 

De hecho, al tiempo que organismos no-gubernamentales sostienen desde el flanco izquierdo un ataque contra el gobierno sobre todo por temas vinculados con el respeto a los derechos humanos, el gobierno debe enfrentar también el embate desde la derecha por grupos nacionalistas y xenófobos, producto de percepciones sobre los efectos negativos de la migración como del libre comercio.

 

El fenómeno representado por el empresario Donald Trump tiene mucho que ver. Tomado casi como un chiste cuando lanzó su postulación hace algunos meses, se convirtió en una fuerza dentro del Partido Republicano al convertirse en punta de lanza de un sector que no busca quién se la hizo sino quién se la pague. Y ese papel le toca a México.

 

Ese es el trabajo que asumirán Carreño King y Sada: Tratar de contrarrestar una mala imagen que lleva años en desarrollo y tiene profundas raíces, parte en los problemas internos de México y parte en los efectos de un cambio social y económico que pone a los mexicanos como la parte visible de los problemas de un sector de los estadounidenses.

 

Si están o no a la altura de esa labor sólo podrá decirlo su trabajo y el tiempo, pero la empresa trasciende y debe trascender los términos sexenales y los límites establecidos por las rivalidades ideológicas y políticas en México.

 

@OpinionLSR



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