Bernie Sanders. ¿La Némesis demócrata?

 

¿Puede ocurrir que el demócrata Bernard Sanders se convierta en un factor que favorezca la llegada del republicano Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos?

 

Es posible, aunque realmente no sería el único factor en una mezcla cada vez más espesa. 

 

Pero al mismo tiempo, no sería la primera vez que un aspirante empecinado arruinase las posibilidades de victoria de un candidato mayor en las elecciones estadounidenses.

 

Y Sanders, senador por Vermont, puede ser descrito como un político empecinado, uno que desde la izquierda del sistema ha despertado el interés y aún el entusiasmo de un sector del público estadounidense que se siente apartado y aún golpeado sobre todo por razones económicas.

 

Para los seguidores de Sanders, tan empecinados como él, el sistema político -y en particular su rival, Hillary Rodham Clinton- está cooptado por los grandes intereses económicos y a ellos responde, sin cuidado por los ciudadanos "normales".

 

Sanders, como Trump entre los republicanos, protagoniza entre los demócratas una rebelión contra el liderazgo del partido. Su argumento es la forma injusta en que afirma se les ha tratado, a él y sus partidarios, los obstáculos que le han presentado y la renuencia para reconocer la representación que les corresponde en los trabajos partidistas.

 

Pero también, la verdad sea dicha, Sanders no se presentó como demócrata sino hasta principios de año, para competir por la candidatura presidencial de ese partido. Antes de eso, pasó más de 15 años en el Congreso como independiente, electo por un pequeño partido socialista del estado de Vermont al que representa, aunque por conveniencia se afilió con la bancada demócrata.

 

Ahora es el hombre que preocupa a los demócratas. La posibilidad de que encabece una divisiva insurrección en el partido, y aun tal vez ceda a la tentación de presentarse como un candidato presidencial independiente, causa pesadillas al liderazgo del partido.

 

Pero en cualquier caso, y a menos que eventualmente acepte su derrota y apoye entusiastamente a Rodham Clinton, puede de cualquier manera convertirse en un factor que facilite la llegada de Trump.

 

Para los demócratas tiene ecos de una vieja historia que podría repetirse ahora. En 1968, hace casi medio siglo, el senador Eugene McCarthy despertó el entusiasmo de jóvenes votantes y grupos opuestos a la guerra de Vietnam en abierta competencia contra el candidato del aparato, el vicepresidente Hubert Humphrey.

 

McCarthy no fue la única causa. Estuvo también la candidatura independiente del entonces gobernador racista de Alabama, George Wallace, que le arrebató a Humphrey el voto de la derecha demócrata.

 

Pero el resultado final fue la victoria del republicano Richard Nixon y según algunos historiadores, el predominio que han ejercido los republicanos en el sur estadounidense de los últimos 50 años.

 

NB: La nueva Embajadora de los Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, es esperada aquí la próxima semana. ¡Bienvenida!

 

@OpinionLSR



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