Tomó casi un mes a la administración Peña Nieto convencer a la cúpula del Partido de la Revolución Democrática -entre otros actores-, de que para un país mínimamente moderno, en un entorno globalizado, era imposible pagar el costo de sostener a Ángel Aguirre Rivero al frente de Guerrero. La duda ahora es cuánto tiempo les requerirá a unos y otros rescatar esa entidad del desastre político y social que supuso la gestión del ex mandatario perredista, con tantos aliados en el PRI.

 

La operación política para derrumbar a Aguirre introdujo desde el principio la certeza de que el relevo no podría recaer en un cómplice suyo o en un militante abierto del PRD que tuviera la vista puesta sólo en las próximas elecciones. Ello abrió el camino al profesor universitario Salvador Ortega, que deberá ser tomado de la mano por el gobierno federal para avanzar por un camino lleno de asechanzas. Esta es un posible mapa de ruta para que Guerrero no sólo sobreviva a Aguirre sino que tenga viabilidad:

 

1.- No al gobierno fantasma. Aguirre Rivero se esfumaba del ámbito público desde la tarde de cada viernes, y no tenía actividad oficial alguna sino hasta la tarde del lunes o la mañana del martes. Así, por años. Las explicaciones iban desde un alcoholismo exacerbado hasta fiestas en sedes múltiples. Un ejercicio aldeano del poder donde no privan los resultados sino la irresponsabilidad y el culto a la pachanga.

 

2.- No a la impunidad. Es verosímil la versión de que frente a su obcecada negativa para dejar el puesto, Carlos Navarrete mostró a Aguirre, la víspera de que tomara licencia, pruebas en poder del gobierno federal que demuestran cómo él y sus colaboradores protegieron al alcalde con licencia de Iguala, José Luis Abarca, antes, durante y después de la masacre contra estudiantes de Ayotzinapa. Ello incluyó la precipitada huida del edil y de su esposa en medio de un evento público tras recibir una llamada de un alto funcionario estatal en nombre del propio Aguirre, que lo alertaba que agentes federales lo buscaban ya.

 

3.- No a la convivencia con el narcotráfico. No hay hasta ahora reportes de que el ex gobernador Aguirre tuviera nexos personales con el narcotráfico, pero sí de que su ausencia de gobierno generó las condiciones para que éste floreciera. La indolencia, la incompetencia y el apetito de dinero de Aguirre y su círculo de complicidades fue aprovechado por el crimen organizado para germinar una docena de bandas cuyo negocio central no son únicamente las drogas sino la extorsión y otros delitos de alto impacto social en múltiples regiones. Estas bandas lograron acercarse al poder político y colocar a operarios suyos en espacios clave, como el Congreso local, alcaldías e incluso entraron en tratos con miembros de la familia Aguirre, según informes federales.

 

4.- No al gobierno de ladrones.  Paso a paso, desde el primer día de la Presidencia de Peña Nieto, en Los Pinos se acumularon las evidencias de la cleptomanía de Aguirre y su grupo. Hubo órdenes expresas de Peña Nieto para, por ejemplo, impedir que la administración estatal tocara un centavo de los 1,800 millones de pesos destinados a la reconstrucción derivada de los huracanes que golpearon hace más de un año a la entidad.

 

5.- No al gobierno de los negocios personales. Existen promesas de campaña de Peña Nieto, como es el caso de un hospital de especialidades en Acapulco, que muestran un rezago enorme porque Aguirre personalmente se obstinó en que fuera construido en un terreno propiedad de su familia el cual,  además, se inundaba en época de lluvias. Fue necesario discutir con él por un año para hacerlo entender que la obra pública no es para negocios personales.

 

6.- No al nepotismo hecho gobierno. Se borraron las fronteras entre la familia Aguirre y las tareas de gobierno. Los conteos más conservadores hablan de decenas de parientes incorporados en la nómina. A ello se agregaban compadrazgos y amistades íntimas en múltiples tareas públicas que acabaron caracterizando la imagen pública de su administración.  Quizá uno de los aspectos más graves de este nepotismo fue la pretensión de imponer al hijo de Aguirre como próximo alcalde en Acapulco, lo que ya había generado pactos hacia el interior del PRD.

 

7.- No a la traición social. El PRD ha ganado los dos últimos gobiernos en Guerrero, el que le confió a Aguirre y el que desempeñó Zeferino Torreblanca. Ninguno de ellos asumió compromiso alguno ante el hecho de que el estado es uno de los más pobres del país, con regiones enteras en la miseria e incluso en la hambruna. Torreblanca abandonó el sistema de salud estatal y, en el colmo de la crisis del sector, usaba para paseos suyos y de su familia un helicóptero de propiedad federal destinado a emergencias médicas. Aguirre y su secretario de Salud, Lázaro Mazón –el padrino político de Abarca en Iguala-, profundizaron el problema y entre otros “logros”, sacaron al estado del sistema del Seguro Popular por desviar sus fondos y acrecentar una deuda que ya suma miles de millones de pesos.

 

8.- No al uso de fondos públicos para promoción personal y electoral. En el último año el equipo completo de Aguirre decidió que el presupuesto público sería utilizado en forma prioritaria para perpetuarse en el poder. Toda tarea de gobierno quedó supeditada a ello. Desde la obra pública hasta las campañas de difusión se usaron para apuntalar o para debilitar a personajes con aspiraciones políticas. Las campañas de salud pública se desvanecieron sólo por el hecho de que el secretario de ramo era Lázaro Mazón, quien buscaba la gubernatura no por el PD sino por Morena, donde tan calurosamente había sido promovido por Andrés Manuel López Obrador. Pese a los rezagos sociales, la directriz fue gastar en publicidad y en medios de comunicación locales y nacionales, lo que fuera necesario para garantizar una buena imagen del gobernador Aguirre y de sus aliados.

 

En el balance del desastre en que Ángel Aguirre convirtió Guerrero, la única tragedia mayor que se puede imaginar es que por pactos secretos o por incompetencia, el gobernador interino, Salvador Ortega, y la administración federal no sean capaces de evitar que exista un aguirrismo sin Aguirre.

 

robertorock@lasillarota.com

 

 

 



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