Nuestra Constitución cumple cien años. El 5 de febrero se conmemora el centenario de la promulgación de nuestra Constitución. Cien años de una Constitución que ha sufrido más de 700 reformas, modificaciones y adiciones desde su promulgación.

 

Sin duda nuestra Carta Magna es el documento jurídico más importante del país. En ella se define el principio de división de poderes, se determina nuestra forma de gobierno y las relaciones entre los tres niveles de gobierno, se protegen y garantizan los derechos humanos en nuestro territorio, se establecen las atribuciones de diversas instituciones así como los derechos y deberes de las y los ciudadanos mexicanos.

 

La Constitución mexicana ratificada el 31 de enero y promulgada en Querétaro el 5 de febrero de 1917, fue la primera constitución en el mundo en consagrar los derechos sociales y elevarlos a rango constitucional. Esta Constitución, a diferencia de la de 1857, suprimió la reelección presidencial y la figura de la vicepresidencia.

 

Desde inicios de 1900 las fuertes críticas a la corrupción -sobre todo del poder judicial- y bajo el lema de protesta “La Constitución ha muerto”, en el marco de la celebración del aniversario de la Constitución de 1857, publicado en el periódico liderado por los hermanos Flores Magón, se iniciaron diversos movimientos para reformar esta constitución. Pocos años más tarde, derivado de los resultados de las elecciones de 1910 que a la postre provocaron la renuncia de Porfirio Díaz el 25 de mayo de 1911, dio inicio la Revolución mexicana el 20 de noviembre de 1910. El 14 de septiembre de 1916 el presidente Venustiano Carranza expidió el decreto para convocar a un Congreso Constituyente para reformar la Constitución e incorporar las demandas sociales que dieron inicio al movimiento armado.

 

Después de este gran número de reformas, varias de las cuales son nuestros legisladores los primeros en violentarlas, resulta difícil reconocer el espíritu renovador de nuestra Constitución y es que ahora se utiliza “la reforma de la Constitución” como propaganda de campaña electoral. La utilizan los políticos de todos los partidos para hacer propuestas y congraciarse con su electorado. La forma carente de fondo. La propuesta de campaña vacía y ajena a la realidad del país. La simple propuesta electorera para ganar votos.

 

No debe sorprendernos, leer o escuchar en los medios de comunicación y redes sociales las propuestas por desaparecer Salas del Tribunal Electoral creadas en virtud de una reforma constitucional y que aún no entran en funcionamiento, reducir el financiamiento de los partidos políticos, eliminar las curules de representación proporcional y las que vengan. Temas como éstos han sido propuesta de campaña de diversos militantes de partidos políticos. Primero reforman algo, lo elevan a rango constitucional para proteger los intereses sobre los que legislaron, y después prevén como incumplirlo, darle la vuelta o incluso desconocer su responsabilidad en la aprobación de tal o cual reforma.

 

¿No sería lo más congruente tener una Constitución que respeten y cumplan, para empezar, los funcionarios y legisladores y no que sea fruto de ocurrencias políticas y electorales del momento? ¿No fortalecería a las instituciones y el Estado de Derecho en nuestro país que los legisladores no tengan un precio para aprobar reformas o no corrompan el funcionamiento de instituciones y organismos autónomos manejando a modo y en su beneficio las designaciones de los funcionarios que las integran?

 

Sin ninguna duda, la corrupción que vivieron nuestros antepasados a inicios del siglo pasado, no se compara con la que vivimos en este siglo. No es casual que los partidos políticos y sus legisladores estén entre las instituciones peor evaluadas por las y los mexicanos. Se lo han ganado a pulso. Todos conocemos a un legislador que sospechosamente y sin tener idea de un tema sube a tribuna a hacer una férrea defensa de una iniciativa o decreto sólo porque las reformas constitucionales dejan buenos dividendos, o bien los que ni siquiera se paran en sus oficinas, en las sesiones de comisiones o en el Pleno y por supuesto, a aquellos que se enriquecen de la noche a la mañana a costa del erario público.

 

La Asamblea Constituyente de la Ciudad de México que estuvo a cargo de elaborar la primera Constitución de la Ciudad de México, sorprendentemente cumplió en tiempo y forma con su aprobación el 31 de enero, tal como lo establecía la Constitución. Seremos testigos de la suerte que correrá está nueva Constitución en la que la mayor parte de sus integrantes sólo vislumbraban como botín político a la Ciudad de México mientras realizaban su encomienda legislativa y en la que hubo varios momentos complicados en los que incluso se pretendió arrebatar a las y los que habitamos esta ciudad diversos derechos que fueron duramente cuestionados en las sesiones de la Constituyente.

 

@C_Humphrey_J

@OpinionLSR

 

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