A dos meses de la tortura y ejecuciones extrajudiciales de 6 personas y la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero, las interpretaciones internacionales sobre lo que ocurre en nuestro país pueden resumirse en dos: 1) Que el Estado es el último responsable de la violencia en México y 2) Que el Estado Mexicano es un Estado fallido. ¿Por qué es crucial que los mexicanos en el exterior entendamos esta diferencia y elaboremos sobre sus implicaciones? ¿Por qué es importante que además de repetir que se trata de lo primero, nos pronunciemos con claridad en contra de lo segundo? La respuesta es simple, pero no obvia: Porque el paradigma de Estado fallido justifica el fortalecimiento del aparato represor del Estado y en consecuencia ampara el apoyo de otros países al Gobierno Mexicano para que éste pueda “seguir combatiendo el crimen y brindando protección a sus ciudadanos”.

 

El insight colectivo que enuncia que fue el Estado ha sentado un entendimiento general no sólo de que el último responsable por la violencia en México es el Estado sino, sobre todo, que la violencia viene también del Estado. La reinterpretación y reflexión intelectual, las críticas, las precisiones y las aristas de esta noción –así como de las propias del concepto mismo de Estado- no son la materia de la de la reflexión que me ocupa hoy. Así que a riesgo de caer en más de una simplificación, digamos que el entendimiento general de esta atinada consigna política es suficiente para el ejercicio que propongo: mostrar las tensiones entre “fue el Estado” y “Estado fallido”, así como subrayar las perniciosas consecuencias políticas de la segunda noción.

 

¿Qué es el Estado fallido? En el marco del tema en cuestión y dicho de la manera más simple posible, el Estado fallido es aquél que carece o que ha perdido la capacidad de detentar el monopolio legítimo de la violencia sobre su territorio. Uno que ha perdido esa capacidad ontológica que cualquier Estado se aboga para ser en cuanto tal. Otra forma de plantear esta noción es diciendo que el aparato represor del Estado no tiene la suficiente fortaleza institucional para evitar que otros actores le diputen dicho monopolio, es débil, insuficiente o ineficaz. Es en este sentido que la noción de Estado fallido habla de ausencia del Estado. Por último valga decir que la idea de Estado fallido, aunque sirve de caballos de batalla a políticos y periodistas, goza de dudosa reputación académica.

 

Lo que vemos hoy en México no es una falta de Estado, como un diagnóstico hecho en los términos de la noción de Estado fallido lo indicaría. Por el contrario, de lo último que se está hablando en México hoy es de ausencia del aparato represor del Estado. No son sólo los estudiantes de Ayotzinapa, son todos los casos aislados –así llamados por el gobierno-, son también las detenciones arbitrarias del 20 de noviembre. La idea de que “fue el Estado” precisamente señala es su excesiva, abusiva y delictiva presencia. Es por esto que decir que fue el Estado y aseverar al mismo tiempo que el Estado es fallido es un sinsentido. Y por eso es que para combatir políticamente (repito, no intelectualmente) la noción del Estado fallido en la arena internacional hay que repetir hasta el cansancio que: México no es un caso de Estado fallido, el Estado no está ausente, está más presente que nunca, pues la violencia viene del Estado. 

 

Las interpretaciones en el extranjero de lo que pasa hoy en México dependen principalmente de las dos nociones que he presentado. Pero no se trata sólo de un problema de diagnóstico. Estas interpretaciones tienen consecuencias políticas directas en la forma en la que los gobiernos e instancias supranacionales se posicionan frente a México. De estas nociones termina por depender la legitimidad del gobierno mexicano en el exterior.

 

Para comprender la trascendencia de pelear en la arena internacional la interpretación de lo que ocurre en México y no sólo por la difusión de los hechos, ofrezco dos ejemplos y una propuesta concreta para accionar desde la lucha en contra de la idea del Estado fallido desde en la capital Alemana.

 

Primer ejemplo, el debate de los Eurodiputados en octubre. Las voces reaccionarias abogaron por no suspender las negociaciones para modernizar los Acuerdo Global y la Asociación Estratégica México-UE previstos para el próximo año. Argumentaron que a México justamente no hay que retirarle el apoyo, porque el país lucha por fortalecer sus instituciones de seguridad. La noción de fondo de este argumento: La del Estado fallido, hay que apoyar al gobierno mexicano en sus intentos por fortalecer (aún más) su aparato represor (sic). El argumento de la fracción de verde-izquierda, por el contrario, estaba más en consonancia con la de “fue el Estado”: Hay que suspender las negociaciones, hasta que en México cesen las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, pues ellas son la muestra de que la proactividad del aparato represor del Estado.

 

Segundo ejemplo: El debate del Parlamento Alemán del pasado 5 de noviembre, cuya versión subtitulada puede encontrarse en el siguiente Parlamento Alemán discute sobre los acontecimientos en el Estado de Guerrero, donde el ministro para asuntos Europeos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, Michael Roth debate principalmente con la diputada Heike Hänsel del partido La Izquierda (Die Linke) y el diputado Christian Ströbel de la alianza verde (Bündnis90/Die Grünen) sobre los hechos en Guerrero. El contexto doméstico de la discusión: las negociaciones de un acuerdo de seguridad policial entre México y Alemania.

 

El representante de exteriores alemán, además militante del partido de centro izquierda, suscribe la resolución del Parlamento Europeo que terminó por dictar que la relación con México no se vería afectada, pues se trataba de eventos locales. Roth argumenta que es absurdo no firmar un tratado de seguridad con México justo ahora que México necesita fortalecer su sistema de seguridad para evitar justamente que pasen eventos como los de Guerrero donde el crimen organizado tiene infiltradas las estructuras locales.

 

¿Qué es lo que está diciendo el ministro? Que hay que fortalecer el aparato represor del Estado, esto es, nuevamente la noción de Estado fallido, sólo que llevado a la esfera local. La diputada Hänsel precisa, que son las fuerzas de seguridad pública de los tres órdenes de gobierno las perpetradoras de la violencia; con esto dice que fue el Estado y que justamente por esa razón firmar un acuerdo de seguridad con México para fortalecer el aparato del Estado agresor empeoraría la situación. El diputado Ströbele enfatiza que el gobierno Alemán no puede quedar sordo frente al diagnóstico de “fue el Estado” de las organizaciones de derechos humanos y de las masivas protestas de ciudadanos que han llegado incluso hasta Berlín, en la forma de un plantón de 43 horas en Berlín.  

 

Como lo deja ver la defensa del ministro Roth, el acuerdo de seguridad entre Alemania y México corresponde a la noción de Estado fallido. En el marco de la interpretación de que “fue el Estado” la Coordinadora Alemana por los Derechos Humanos en México ha lanzado una campaña en contra de las negociaciones de dicho acuerdo de seguridad. Toda persona, sin importar nacionalidad ni lugar de residencia puede apoyar esta campaña: ¡NO a la colaboración con la policía mexicana! Firmar en contra de las negociaciones de un acuerdo de seguridad entre México y Alemania es firmar en contra de la noción del Estado fallido. Es firmar en contra del fortalecimiento del aparato represor del Estado. Sobre el acuerdo seguiré escribiendo en mi siguiente colaboración, por ahora concluyo. 

 

Sí, a dos meses de las desapariciones seguimos peleando en el extranjero por que se difunda cada nombre, cada hecho, pero sin olvidar que ello tiene sentido sólo si a la par nos batimos también por los términos del debate.

 

@sabymr

@MexicoViaBerlin

@institutomora



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