Morelos

Dejan los girasoles para cultivar la amapola

La Silla Rota tuvo acceso a los campos de cultivo donde se preparan para la temporada fuerte que empieza a finales de este mes

GABRIEL TRUJILLO 23/04/2017 08:38 p.m.

Dejan los girasoles  para cultivar la amapolafreeimages.com

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El sembradío fue ubicado por las autoridades luego de ser reportada a través de una llamada anónima


MORELOS (La Silla Rota).- Los últimos cuatro años fueron complicados para don Regino: la venta de las flores que producía poco a poco fue disminuyendo.  De los días cuando mandaba en total hasta cuatro  toneladas por temporada al mercado de Jamaica, en la Ciudad de México, y  a Acapulco, solo le queda el recuerdo. “Nos ganaron las empresas grandes”, dice con un dejo de nostalgia mientras camina por su parcela.

Lleva más de 50 años viviendo en el triángulo dorado entre Morelos, Guerrero y Estado de México. En una pequeña comunidad en la sierra -en el suroeste del estado y a poco menos de dos horas de Cuernavaca- que ahora está disputada por los grupos criminales Guerreros Unidos y Los Rojos.

En este triángulo, un poblado escondido en la sierra donde hay solamente una patrulla pick-up modelo 87 y tres policías municipales cuidando a los poco más de 3 mil habitantes la amapola dio nueva esperanza a los campesinos. El nombre del lugar se reserva por seguridad de los entrevistados.


Don Regino se traslada diariamente desde Tetecala a esta comunidad para trabajar la tierra. “Aquí todos nos conocemos, sabemos quién es quién, quién sabe trabajar la tierra y quién es bueno. A mi me buscó uno que era mi trabajador, cuando nos empezó a ir mal pues todos buscaron trabajo y ahí fue cuando el narco nos empezó a reclutar”, comenta Regino mientras enseña a este reportero de LA SILLA ROTA el  terreno que se prepara para la temporada fuerte que empieza a finales de este mes.


La crisis de los floricultores fue el pretexto ideal para contratarlos. 

"En la región todo cambió. Cuando dejamos de producir nos quedamos con todo el equipo, los fertilizantes, hay familias entras que se dedican a esto y es lo único que saben hacer, entonces nos dimos cuenta que no había más opción que trabajar con la gente de 'El Carrete', ya tenemos todo”.

El estado de Morelos es la tercera entidad en el país dedicada a la producción de flores. Desde Jiutepec hasta Coatlán del Río el modus vivendi de los pobladores es el trabajar la tierra, en estos puntos se siembran nochebuena, con 7 mil 885 toneladas anuales; le sigue el crisantemo con con 6 mil 757 toneladas; la rosa, nueve mil 479; follajes, ocho mil 677; clavel, tres mil 772; gladiola, tres mil 457 y palma camedor, mil 261 toneladas, según las estadísticas locales de la SAGARPA.

El 75% de la producción se realiza a cielo abierto, especialmente de gladiola, clavel y girasol; el 25% en invernaderos y viveros, particularmente de rosa hierbera y plantas en maceta, por lo que las tierras listo para el cultivo de “la flor”, abundan.


En su pueblo, don Regino es respetado, dice. A sus 58 años, lo mismo es contratado para limpiar una milpa, cuidar una jardinera o hacer trabajos de carpintería. De aspecto rudo, sus manos ásperas demuestran seguridad al momento de dar un apretón en el saludo. Siempre viste camisa de manga larga, pantalón de mezclilla y botas de trabajo.


Su cara redonda y pequeña, curtida por el sol, se esconde bajo el sombrero con el que intenta escapar de los rayos. “Uno se va haciendo viejo y la piel ya no aguanta tanto", dice. 


El Carrete”, patrón del triangular dorado

La zona de ese triángulo, explican varios campesinos entrevistados, es controlada por Santiago Mazari Miranda,  “El Carrete”,  líder de Los Rojos. El capo sabe que los pobladores no lo delatarán, no hablarán con las autoridades “porque él les da trabajo”.

“Veo que dicen que lo buscan y lo buscan, pero aquí todos saben dónde está, donde se esconde y cuáles son sus casas, la verdad es que ayuda a la gente, por eso nadie habla ni dice nada, si él se porta bien con nosotros, nosotros también. Además él se entera de todo y si alguien dice algo, ya sabemos cómo acaba", dice don Regino con una risa nerviosa y la cabeza agachada mientras continúa el recorrido.


A “El Carrete” se le atribuye en parte la violencia que la zona sur de Morelos ha vivido en los últimos años. Mazari Miranda además tiene vínculos con la clase política de la región: su tío Alfonso Miranda ha sido legislador y alcalde de Amacuzac; y su primo Jorge Miranda es el actual alcalde del mismo municipio.


La estela de homicidios que según las investigaciones de la Fiscalía Local, están relacionados con el ajuste de cuentas de “El Carrete” se extiende desde Temixco hasta Taxco, en Guerrero,  pasando por los municipios vecinos del Estado de México. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante enero y febrero del 2016 en este corredor se registraron 82 homicidios dolosos, 42 y 40 respectivamente; mientras que en lo que va del año se han contabilizado 113 homicidios, 61 y 52, es decir 31 crímenes más que el año anterior.


Un repunte considerable en la actividad delictiva de la región, pese a que los operativos del Mundo Único son constantes, así como los retenes de militares y policías federales en las entradas y salidas del triángulo del sur.


Pero eso a los lugareños de esta comunidad poco les importa. Para ellos, la paga es mayor al promedio  de lo que se remunera en esas comunidades, unas de las más marginadas del centro del país, y con eso basta para arriesgarse.  Hasta 2 mil pesos por semana por trabajar la “tarea”, medida usada por los floricultores, menor a una hectárea. La renta de la parcela oscila en el mismo precio. El trabajo consiste en vigilar que la flor crezca de buen tamaño.


“Evitar las plagas, por la que se le inyectan vitaminas y pesticidas, regarlas cuando sea necesario y después cuándo estén a la medida necesaria, cortarlas y subirlas a una redila”. El destino final de la flor la desconocen los agricultores. No les importa y de hecho, aseguran, no “están cometiendo un delito por lo que no hay nada que denunciar”. Dicen sentirse seguros, pues con frecuencia las parcelas son vigiladas por hombres armados.


“Es lo que sabemos hacer, trabajar la tierra y cuidar flores no importa cuál sea. Es un trabajo, si la gente se mata consumiendo lo que sale de la flor o por los terrenos eso no es problema de nosotros, no es nada malo lo que hacemos, además es hacer esto o no tener dinero para comer”, narra Moisés, otro campesino.


Opción para los que vienen de EU 

“La flor” -como le llaman los lugareños a la amapola- también es aliciente para aquellos que regresan al pueblo después de su aventura fallida en los Estados Unidos. “El Chato”, con apenas un año en Coatlán y después que terminara de vender todo lo que trajo, a manera de liquidación desde un rancho en Wisconsin, también le entró al negocio.


“Ve, aquí no hay nada. Si queremos llevar algo de dinero a la casa hay que moverse hasta Cuernavaca y está complicado. Esto lo veo yo como una nueva oportunidad, quizá no sea lo mejor o lo correcto, pero si tuviera este chance antes de irme al gabacho, no dejaría a mi familia. Estaría aquí cuando murió mi madre”, se lamenta Joaquín, de 40 años quien incluso, no descarta gradualmente crecer en el negocio, pues ha visto como les “va bien” a los que a eso se dedican.


Desde su tienda, doña Olga se da cuenta de todo. A ella le compran cigarros, en ocasiones cervezas, pero siempre “gaitores” que los trabajadores se llevan en la temporada de siembra. Asegura que el pueblo se empezó a descomponer desde hace como cinco años. En sus tiempos mozos dice, no se escuchaba narco, delincuencia ni la palabra “ejecutados”.


Ahora escuchar  narcocorridos y a jóvenes en camionetas escandalizando a media noche es “cosa de todos los días; antes uno no se enteraba de eso, el problema más grave eran los borrachos y uno que otro que se peleaba ya cuando no podían con el mezcal, pero de drogas, muertos y eso no. Todo era diferente y muy tranquilo”.


“Lo que hacen de usar las tierras para sembrar la flor no está bien, todo es malo, mire como está todo por aquí. Pero también los pobres no tiene más que hacer, de qué van a vivir, no hay dinero y eso lo veo con los que se van arriba, me piden pollos rostizados fiados y ni modos que le diga que no”, se lamenta la señora que atiende la última parada obligada de todos los que trabajan en las parcelas antes de introducirse al pesado camino.


La ruta para llegar a la amapola

Llegar a los sembradíos es complicado. Primero, un camino sinuoso de una hora 40 minutos saliendo de Coatlán de Río, en Morelos, y que sólo puede ser posible seguirlo con la ayuda de lugareños, lleva al pueblo.

Los habitantes guardan discreción sobre lo que aquí se produce, “es el secreto mejor guardado del pueblo”, dice un habitante. Solo después del relacionado a los retablos bañados en oro que están en la iglesia. 

“El narco nos cuida, aquí no pasa nada por eso la gente está tranquila. Ni si quiera te roban, así que puedes estar tranquilo”, comenta Regino quien accedió a dar a LA SILLA ROTA  el recorrido con dos condiciones: no tomar fotografías de la iglesia, ni hablar fuerte para que nadie detecte el acento de foráneo. “La gente es muy cuidadosa aquí”, dice, y casi no hay visitantes. Y aunque quisieran no hay donde quedarse, ni hostales ni hoteles. 

Una vez en el pueblo, hay que internarse a un camino de terracería que pareciera haberse labrado un siglo atrás.  La zona es en algunos tramos boscosa, con zonas planas por lo que la amapola se disfraza con la siembra de maíz; de lo contrario dicen, desde el aire en un sobrevuelo se detectaría todo, los pobladores aunque no son violentos sí están dispuestos a defender su fuente de trabajo.

“No tenemos ni buscamos problemas con nadie. Aquí no hay mucho que hacer y sí cuidando las tareas se gana un dinero y podemos quedarnos el pueblo, pues que mejor”, dice otro de los destinados para la tarea, la cual detallaron, empieza desde ahora y termina en junio. Después se deja descansar la tierra 20 días y el proceso empieza nuevamente para sacar aproximadamente cinco tareas para antes de diciembre.

 (*Los plantíos están junto a sembradíos de maíz. De esta manera se busca "disfrazar" el color característico de la flor, sin embargo el camuflaje no es necesario. Ni una autoridad vigila  triángulo dorado del sur y el narco, confía -quizá por miedo- en la discreción de los campesinos. Estos guardan silencio y prefieren mantenerse en el anonimato para evitar represalia de las autoridades y el "El Patrón".)

Más amapola, menos mariguana

Según reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) a partir del 2012, el cultivo de la amapola superó a la de la mariguana en el país. El poblado -del que se guarda su ubicación exacta para seguridad de los trabajadores- es un ejemplo, hasta el 2007 se sembrara canabis, ahora al ser más rentable y aunque requiere mayor cuidado, es más redituable.  


El reporte difundido en 2012, detalló que en ese año los plantíos destruidos de amapola fueron 40% más que los de mariguana en el país. El declive de la canabais inició en el 2007, ese año se destruyeron 23 mil hectáreas, mientras que la amapola fue 50% menor, al ocupar sólo 11 mil 400 hectáreas.


Sin embargo, para 2008, el cultivo de mariguana fue sólo 28% mayor al de amapola y, para 2009, la canabis seguía por encima del de adormidera, pero únicamente por 8%. Para 2011 los números se revirtieron y, por primera vez, el área de suelo cultivado con amapola fue 19% mayor al de mariguana. Esta diferencia se disparó en 2012,  y fue de 40%.


Guerrero encabeza la lista de estados productores, aunque también se encuentra Sinaloa, Chihuahua, Oaxaca, Durango, Michoacán y Jalisco.


El recorrido  por las parcelas termina. Para comer, don Regino propone una mojarra frita en los restaurantes de la Laguna del Rodeo  con una negra modelo en mano. 


Aunque no tuvo estudios universitarios, la tierra le enseñó a ver un poco más allá, a prepararse era el futuro, a intentar ir con la modernidad, “pero nunca para esto”. Entregar sus tierras a la delincuencia para un negocio que aunque tolera, sabe que es ilícito, no lo vislumbraba.

“Todo lo que aprendí, todo lo que trabajé y lo que le pensaba dejar a mis hijos o los nietos que son los más chavalos, pues no va a servir de nada porque ya no sé si se pueda otra vez sembrar flores por aquí”, dice y explica que la amapola  y los químicos que se utilizan para su cuidado dejan a la larga la tierra erosionada. “Todo se lo está comiendo la flor, nada se puede hacer”. 

 




Unidad de Investigaciones Especiales LSR

Dirección: Sandra Romandía




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