SONORA (La Silla Rota). “Nuestro paso es libre por la reserva. Vamos al doctor, a ver a familiares o de paseo. Yo tengo familia allá por parte de mi papá”, comenta Socorro Velasco León, presidenta de Vigilancia de la comunidad de indígenas pápagos en Sonora, en la frontera con Arizona, Estados Unidos.

Ella se refiere a una dinámica trasfronteriza que no ocurre en todos los demás kilómetros de la línea que divide ambos países. En esta comunidad de 76 habitantes, llamada Quitovac y ubicada a 44 kilómetros del municipio de Sonoyta, frontera con Lukeville, los pobladores pueden “cruzar al otro lado” sin la visa que el resto de los demás mexicanos necesita.

Bajo un improvisado techo fabricado de tablas de madera, Socorro lava los platos que se utilizaron en la comida de ese mediodía. Mete un vaso a una bandeja con agua, lo enjabona con sus manos y lo sumerge en otro recipiente con agua limpia.

“No nos piden nada, documentos o algo. Solo vamos allá y nos toman una foto, es para identificarse con ella, de que es uno indígena”, cuenta Socorro.



La tierra de los Tohono O’Odham, nombre original en Estados Unidos, fue dividida en dos cuando México perdió la mitad de su territorio en el norte del país al firmarse el tratado de La Mesilla, en 1853, con el entonces presidente Antonio López de Santa Anna, para dar fin al enfrentamiento armado con Estados Unidos.

Desde entonces, a este grupo étnico lo divide una frontera. Sin embargo, los indígenas han tenido un libre paso por su territorio, a pesar de la división de ambos países.

Los pápagos necesitan sólo de una credencial que los identifique como indígenas de la tribu Tohono O’Odham emitida por la comunidad en Estados Unidos.



El territorio de la etnia abarca parte del gran desierto de Altar, ubicado entre los estados de Sonora, en México y Arizona, en Estados Unidos. Son alrededor de 500 miembros de la tribu en distintos puntos del territorio mexicano y casi 30 mil en territorio estadounidense.

Los pápagos se encuentran dispersos en siete pueblos por las inmediaciones del municipio de Plutarco Elías Calles, Caborca, Pitiquito, Sáric, Puerto Peñasco y Magdalena.

Para pasar por la reserva a la comunidad de Tohono O’Odham, asentada en el país vecino, los de lado mexicano deben adentrarse en el desierto por más de dos horas, para pasar por una sencilla abertura en el cerco de púas que divide ambos países.

“Vamos en carro, porque caminando está muy lejos. Se hacen dos horas de Sonoyta, de camino por el monte, para llegar a donde está el paso de nuestro territorio. Entramos así nomás”, describe la encargada de la vigilancia en Quitovac.




Ninguna barrera

La comunidad Tohono O’Odham, asentada en Arizona, ha declarado firmemente que no permitirá la construcción de un muro fronterizo en su territorio; sus hermanos pápagos en Sonora apoyarán con todo lo necesario para que Donald Trump no violente su reserva.

Socorro Velasco afirmó que, de realizar manifestaciones, bloqueos o cualquier otra acción, apoyarán sin duda a sus hermanos para impedir la construcción de un muro que divida el territorio indígena.

“Si se construye un muro, no vamos a poder entrar, por eso no quieren los de la etnia que se construya, no pueden por la reserva porque es propiedad indígena. Nosotros también estamos con los hermanos de allá y si nos piden apoyo, claro que si se los daremos. Estamos dispuestos a apoyar, somos hermanos”, manifestó Socorro.

La madre de familia, vestida de negro con una larga cabellera gris, relataba cómo es el intercambio cultural entre los dos lados de la etnia, el cual resultaría afectado de ser divididos con un gran muro, como el que ha ordenado Donald Trump.

Los del lado estadunidense viajan a Sonora y los sonorenses a Arizona, para realizar las festividades y rituales típicos de la cultura Tohono O’Odham. De igual manera, cualquier pápago que desee estudiar en Estados Unidos o busque atención médica, puede pasar sin ningún problema; o bien quedarse a vivir allá.

“Hay un intercambio constante de todo, el que quiere va y estudia para allá, pero no muchos, es raro el que quiere estudiar, casi no se van para allá. Aquí en Quitovac, es el centro de las comunidades en Sonora, y ellos vienen cada tercera semana de julio a realizar la danza para la lluvia”, detalló Socorro.



Tohonos, mexicanos olvidados de las autoridades

A diferencia de sus hermanos en Estados Unidos, los Tohono O’Odham en Sonora, viven en lugares precarios, en pequeñas construcciones y humildes casas, con calles de tierra, sin pavimentación.

Se dedican a trabajar en las rancherías de otras personas, trabajan como albañiles o buscan oro en minerías artesanales, relata la presidenta de Vigilancia de Quitovac.

“La gente aquí trabaja en minerías, hay minas, la gente de aquí va y recoge tierra y de ahí sacan oro. Es como minería artesanal. También trabajan en las rancherías cercanas, como vaqueros y algunos en la albañilería”, explicó Socorro.

En cambio, el lugar donde viven los Tohono O’Odham en Sells, Arizona, son comunidades sencillas, pero con todos los servicios: escuelas, hospitales, comisarías y hasta una cárcel. Así lo constató La Silla Rota durante el recorrido por la reserva.

Tienen escuelas de todos los niveles; en especial, una preparatoria con gran infraestructura y un gran campo de futbol americano.

Además, cuentan con edificios de gobierno, donde laboran los gobernantes y hasta un recinto legislativo, para los diputados étnicos.

“La diferencia es que ellos allá tienen mucha ayuda y nosotros no. No es lo mismo. Aquí si hay muchos que vienen y traen ayudas, otros que no. Pero tenemos como seis años que no nos dan ayuda del gobierno, que era dinero, más que nada”, explicó Socorro Velasco.

La Presidenta de Viligancia de Quitovac mencionó que hace un mes recibió un pequeño cuarto de material, como parte de un apoyo del gobierno federal y de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los pueblos Indígenas.



Unidad de Investigaciones Especiales LSR

Dirección: Sandra Romandía




Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información