‘De grande quiero ser teibolera’: Geraldi

No tuvo infancia, pero esta niña se hizo cargo de sus hermanos pequeños, pues su madre tenía que ausentarse todas las noches porque su trabajo así se lo exigía

DIANA JUÁREZ 07/03/2017 10:26 p.m.

‘De grande quiero ser teibolera’: Geraldi‘De grande quiero ser teibolera’: Geraldi

A pocos meses de haber nacido, la pequeña Geraldi dormía en el caberet donde trabaja Carmen, su mamá. Situación que intentó evitar. Antes de que naciera su hija, intentó “regalarla” a su casero. “Don Javier ¿no la quiere?, ve que apenas puedo con uno, se la regalo, además aquí cerquita le puedo echar un ojo”, le decía a su casero.

 

Carmen renta un cuarto en el rancho Paso Nuevo, en Arandas, Jalisco, donde paga apenas 700 pesos al mes. Por compasión, Don Javier le permite colgarse de su luz para que sus hijos puedan ver la tele y así ellos se entretienen cuando ella los deja encerrados para salir a trabajar. Esto lo hace cuando nadie de sus vecinas puede “cuidarle” a los niños y hacerles una “ollita” de frijoles.

 

Aunque Jalisco no pertenece a los estados más pobres ni Arandas es de los municipios con mayor rezago social, sí hay un rango de probreza. De acuerdo con el CONEVAL, 67% de la población de este municipio tiene un ingreso inferior a la línea de bienestar.

 

Geraldi es la segunda hija de Carmen, el primero fue Horacio; los dos son del mismo padre. Después llegó “Josecito” hijo de un policía, quien le trajo un poco de estabilidad económica por ser el único en hacerse responsable de su hijo. La cuarta fue Sonia, a quien regaló con su comadre porque no podía tener hijos; y la quinta Dayana, hija de su actual pareja.

 

Para Carmen, sus primeros dos hijos han sido los más problemáticos, según ella porque el padre se droga. Por esta razón, decidió darle a cuidar a su mamá a Horacio y enviar a Geraldi a una casa hogar a la Ciudad de México, bajo la tutela de la familia de su casero.

 

Ella argumentó su decisión como una forma de evitar que Geraldi siguiera sus pasos. Al ser criticada por la gente del pueblo, en un intento de ser comprendida, confesó que su madre fue sexo-servidora, de quien huyó a los 15 años por no haberle creído que su padrastro la había violando.

 

 

Geraldi en la Ciudad de México

El acuerdo al que llegó Carmen con la familia del casero fue que ellos le iban a “echar un ojito” los fines de semana, cuando saliera de la fundación. Las primeras batallas a las que se enfrentó Geraldi fueron con el tenedor y la cuchara, no sabía usarlas, ya que estaba acostumbrada a comer con las manos.

 

Además de comer con cubiertos, tenía que comer sanamente, ya que se le había diagnosticado desnutrición. Su alimentación y la de sus hermanos consistía en frituras, donas, refrescos, jugos de a peso y si no eran descubiertos en su hazaña de tomar leche, podían hacerlo de las ubres de las vacas de su casero, allá en el rancho.

 

También le costó trabajo respetar los objetos, llegó a robarse el jabón de la casa que la hospedaba, tomaba dinero y sobre todo, robaba los dulces y labiales de su tutora. Acción que parecía común a Geraldi, ya que su mamá los llevaba al único supermercado del pueblo a robar lo que pudieran.

 

A sus apenas siete años, Geraldi no sabía leer, es que ella y sus hermanos pertenecen al 30% de la población de Jalisco con carecia por rezago educativo, de acuerdo a las cifras de Coneval.

 

No sabía leer, pero sí contar, esto lo atribuía a que su mamá todas las noches llegaba a sumar la propina que había ganado en el cabaret, la guardaba y al día siguiente la volvía a contar para comprobar que ni uno de los “chiquillos” se había atrevido a tomarle una moneda.

 

Las educadoras de la fundación comentaron que la pequeña se había convertido en la líder de las niñas del cuarto. Además, apoyaba con el cuidado de las más pequeñas. Ella se ofrecía a cambiarles los pañales y darles de comer, experiencia que había adquirido en su casa, ya que Geraldi se hacía cargo de sus hermanos más pequeños, sabía a qué temperatura debía estar la leche y como ajustar muy bien un pañal.

 

Uno de los problemas que tuvo en la fundación fue el horario. En el rancho no había hora de levantarse, había dejado la escuela. En su nuevo sitio tenía que estar lista a las 6 a.m. bañada y con la cama tendida. Lo que la hacía levantarse eran los huevitos cocidos que le hacía la cocinera, doña Fede, lo que la impulsaba a bajarse de su litera.

 

Pero las letras, esas sí fueron sus grandes enemigas, no podía apredérselas por más que sus “misses” se esforzaban en enseñárselas, las becarias de psicología que iban apoyar a la fundación también hicieron su intento. Incluso su tutora se daba tiempo los fines de semana para ayudarla.

 

Entre frustaciones y enojos, su tutora aplicó la pregunta estratégica, esa que se usa para para motivar a los niños aprender, -¿Geraldi, pues tú que quieres ser de grande?  A lo que la pequeña respondió, -Yo, quiero ser teibolera, como las amigas de mi mamá.

 

 

Geraldi ¿es víctima o agente de su elección?

La respuesta de Geraldi encara al debate ¿es víctima o agente de su elección? De acuerdo con la profesora-investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, Marta Lamas, en su artículo ¿Prostitución, trata o trabajo?, publicado en la revista Nexos, detalla: “Las feministas que han reflexionado sobre el tema están divididas al respecto: hay quienes subrayan la autonomía en la toma de tal “decisión” mientras que del otro lado están quienes insisten en la “explotación” y coerción”.

 

Según Lamas, “el trabajo sexual es la actividad mejor pagada que encuentran cientos de miles de mujeres en nuestro país”. Ya que sigue habiendo diferencias de salarios entre hombres y mujeres, de acuerdo a cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) la brecha salarial, hasta 2016, es de 15%.

 

Además, las jornadas laborales en México siguen siendo largas, lo que dificulta a las madres el cuidado de sus hijos. Ante esto, Carmen comenta que su trabajo le permite, cuidar entre semana a sus hijos y con solo trabajar los fines de semana puede sacar para la renta y la comida.

 

Retomando la reflexión de la investigadora Lamas si la prostitución es una elección o un fenómeno de explotación, es un hecho que debe regularse en la Constitución, “Si no se resuelven las circunstancias socioeconómicas que las llevan a tal actividad, penalizar para erradicar el comercio sexual las hundiría o marginaría aún más”, señala la investigadora. Aunque, la regulación del comercio sexual no evite que ellas “elijan” la prostitución, sí permite regularla.

 

Dentro de la decisión de Geraldi convergen muchos fenómenos que dejan entrever las múltiples tareas pendientes que tiene el país hacia las mujeres y la población…


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