Con sus propios recursos, padres damnificados construyen escuelas para sus hijos (video)

Debido a una promesa no cumplida de la Sedatu tras los huracanes que azotaron Guerrero en 2013, padre damnificados tuvieron que invadir un predio en el que construyeron una escuela, con muchas carencias, para sus hijos

LUIS JIJÓN/ CORRESPONSAL 23/03/2017 09:47 p.m.

GUERRERO (La Silla Rota).- En cuatro galerones improvisados de madera, y lámina hechos por sus padres, 72 niños del fraccionamiento El Mirador toman clases desde hace un mes entre la polvareda y hacinados, sin tener la certeza que el predio donde se ubican les será donado por las autoridades.

 

El fraccionamiento El Mirador es una de las promesas no cumplidas de la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu), luego de las afectaciones de la tormenta Manuel y el huracán Ingrid en Guerrero.

 

Para las cerca de 500 familias que resultaron damnificadas por la tormenta Manuel, y el huracán Ingrid en septiembre del 2013, la desgracia no ha concluido, pues a pesar de que las autoridades las reubicaron hace más de un año al fraccionamiento El Mirador al sur de Chilpancingo hasta el momento no cuentan con servicios públicos, de salud, ni educativos.

 

Por ello, los propios padres de familia iniciaron la construcción de una escuela primaria con madera y lámina, donde desde hace un mes 72 niños reciben clases en condiciones deplorables, al interior de cuatro galeras inconclusas que han hecho con la cooperación de los vecinos ante la indiferencia de las autoridades.

 

Desde el 15 de febrero pasado, cinco profesores, por iniciativa propia, atienden a los seis grados. Los alumnos son cobijados con la clave escolar de tres primarias que pertenecen a la zona 05, de esta forma se validarán los estudios de cada uno hasta que las gestiones de los padres den frutos y la Secretaría de Educación Guerrero (SEG) acepte construir y darle el registro a una nueva escuela.

 

 

Las butacas y los pizarrones que se utilizan son prestados, y aunque muchos lucen desgastados, sirven para que los niños no se sienten en el suelo; plástico y tela simulan las paredes de las galeras, mientras que parte del techo luce desportillado, porque a los padres ya no les ha alcanzado para comprar más láminas, ni encontraron quien le donara más.

 

Los padres de familia reconocen que las instalaciones no son las adecuadas para que sus hijos reciban clases, sin embargo, de no ser por el esfuerzo de todas las familias de El Mirador -que apartaron aproximadamente 200 pesos cada una- posiblemente la mayoría de los estudiantes hubiera desertado de sus escuelas, por el costo que implicaba a sus padres trasladarlos todos los días a Chilpancingo.

 

La presidenta del comité de padre de familia de la escuela, Oneida Bautista Reyna, recuerda aún la promesa que hizo el entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) y actual diputado plurinominal del PRI en diciembre del 2014,  Jorge Carlos Ramírez Marín, quien les prometió un centro de salud, escuelas de nivel básico y una avenida para conectarlos con la ciudad, pero nada de eso se ha cumplido.

 

 

Dijo que fue la desesperación y necesidad lo que llevó a los padres de familia a iniciar la construcción de las aulas de madera, debido a que muchos niños comenzaron a desertar de la escuela porque había familias que se gastaban hasta 200 pesos en pasajes diarios.

 

Esto es porque acudían a las escuelas en la zona donde originalmente vivían antes de las afectaciones por las lluvias en septiembre del 2013.

 

Recordó que ella vivía en la colonia Barranca del Tule, lo que implicaba recorrer varios kilómetros y trasbordar en el transporte público para poder llevar a sus dos hijos a la escuela, lo que representaba un gasto de por lo menos 100 pesos diarios en pasaje, más alimentos.

 

“Le pido al gobierno que nos ayude con la escuela porque la verdad sí estamos sufriendo, le pusimos plástico, el techo no está completo. Una vecina nos consiguió 10 láminas, otra vecinas nos prestó láminas, lo que pedimos es que nos ayuden”.

 

El fraccionamiento El Mirador fue construido sobre un cerro al sur de la capital, a un costado de la autopista del Sol, a casi un kilómetro de una de las colonias de la periferia de la ciudad.

 

 

Para la señora  Ofelia Cano Vázquez es un gran avance la escuela improvisada construida por los propios padres, pues ella y sus tres menores se tenían que despertar a las 05:30 horas para poder llegar a la primaria ubicada en la colonia del PRI, al otro extremo de la ciudad, lo que representaba un gasto de 150 pesos diarios sólo en pasaje.

 

“Tengo tres niños me gastaba como 150 diario de pasaje, más los alimentos, los levantaban a las 5:30 de la mañana para salir poco antes de las siete, y llevarlos a la colonia del PRI. Ya con la escuela aunque sea sencilla nos ha ayudado, yo he ahorrado mucho”.

 

Sin terreno para la escuela

 

Sin embargo, Cano Vázquez, quien también integra el comité de la escuela, señala que ahora se enfrentan a otro problema, pues el predio donde construyeron las aulas no ha sido donado por la Sedatu a la colonia y lo invadieron.

 

Y bajo ese argumento las autoridades educativas de Guerrero se han negado a darles la clave y nombre a la escuela hasta que no regularicen el predio ubicado en la parte alta del fraccionamiento.

 

Al “fraccionamiento de primer nivel”, como lo llamaron las autoridades durante su construcción, le falta agua potable, recolección de basura, seguridad, alumbrado público y centro de salud.

 

 

Doña Ofelia recordó que hace unas semanas vivió momentos de angustia luego de que su hijo menor sufriera un accidente y se lastimara la barbilla, sin que nadie pudiera brindarle los primeros auxilios en el lugar.

 

Los vecinos tienen que comprar el agua por tambos o tinacos que tienen un precio de 100 pesos, doña Ofelia adquiere una cada semana. Además de que tienen que pagar para la recolección de basura a camionetas particulares, pues el ayuntamiento tampoco les brinda el servicio.

 

“Tenemos que gastar para hacer nuestra escuela, tenemos que pagar para que nos recojan la basura, tenemos que comprar el agua, aquí todo es con dinero, de lo contrario no puedes hacer nada”.

 

El acceso al fraccionamiento es por la autopista del Sol, sobre los carriles sur-norte, sin embargo, para retornar a la ciudad lo hacen por un camino de terracería entre árboles y maleza que no cuenta con alumbrado público, lo que ha generado asaltos y el transporte público deja de circular antes que caiga la noche.

 

lrc


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